JABRA IBRAHIM JABRA

Jabra Ibrahim Jabra era un intelectual palestino exiliado en Irak que murió en 1994, en su casa de Bagdad, dejando una profunda huella en la ciudad tras medio siglo viviendo en ella. En 2010 una bomba destruyó por completo el edificio acabando con la vida de 17 personas y llevándose para siempre el recuerdo de su insigne morador. Este relato literario ha sido redactado por el colaborador de GEA PHOTOWORDS en Oriente Medio, Elías Scherbacovsky, con el fin de rescatar la memoria de tantos héroes anónimos desaparecidos entre el polvo de una guerra sin fin. Forma parte de `Obituarias Escogidas´ – Editorial Andrómeda, Buenos Aires, 2012 – y será publicado por la Editorial Raíces de Madrid este próximo verano.

Casa palestina destruída. Gaza.

FOTO  ©  Sara Janini, miembro de GEA PHOTOWORDS

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Por Elías Scherbakovsky para GEA PHOTOWORDS

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“De la interminable amargura quise extraer dos gotas de dulzura… Esperaba cultivar un árbol confiado en la esperanza de que la humanidad y el amor de la gente habrían de prevalecer”.

Este no es un obituario por la muerte de un hombre, un exiliado palestino fallecido hace tiempo en Irak. Es la necrológica de su casa de dos plantas, como otras de Bagdad, situada en la calle de la Princesa, que adornan datileras y árboles de mora. Pasaron dieciséis años desde el deceso de Jabra Ibrahim Jabra en ese solar, donde vivió durante medio siglo. Mientras fumaba la pipa junto a la ventana, un naranjal como el de su infancia le daría el paisaje constante de su juventud, la discreta serranía y hasta el aroma de los turrones caseros de Belén, donde nació. Con la destrucción de esa casa de Bagdad la bomba mató definitivamente a Ibrahim Jabra. Habrá que ver si con las llamas también se esfumó su obra.

En su casa respiraron por el alfabeto árabe Samuel Barclay Beckett y muchos artistas de Iraq de cuantos esperaban y continúan esperando a Godot. Por las páginas que tradujo pasaron como un trueno William Faulkner con el sonido y la furia, y William Shakespeare, y Oscar Wilde, mientras Jabra escuchaba a los clásicos y a los barrocos de la música y conoció a la familia Bach en su tocadiscos de un mercado de pulgas. Más información »

DETRÁS DE UNA FOTO | RUTH ESTELLERS

DETRÁS DE UNA FOTO es una sección semanal de GEA PHOTOWORDS. En ella, reconocidos fotógrafos profesionales, autores emergentes o estudiantes de fotografía nos comentan una de sus imágenes. Nos ofrecen sus palabras, su mirada y su agudeza; en definitiva, su captura del binomio espacio-tiempo. Ruth Estellers se encuentra con los habitantes del barrio de El Pantanal en la ciudad de Granada en Nicaragua.

La mirada triste de El Pantanal.

FOTO  ©  Ruth Estellers

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Centroamérica está llena de miradas tristes pero, también de bonitas historias que nos hablan de la cotidianidad y de vivir con lo esencial. En el barrio de El Pantanal en Granada (Nicaragua) unas cuantas familias acababan de estrenar una nueva vivienda gracias a la ayuda de la cooperación española.

Paseando por las calles de este barrio humilde, rodeada de gente amable a la que le apasiona “platicar” vi una casa de un intenso color azul que llamó mi atención, una de esas casas azules que parecen sacadas de un cuento para niños. En el porche, tres niñas jugaban divertidas y me paré a observarlas. Pronto salió el resto de la familia (todo mujeres por cierto). Me invitaron a pasar y al rato ya estaba disfrutando de la intimidad del retrato.

La fotografié frente a la cocina, jugando con el reflejo de un espejo y, de pronto, me invitó a pasar al interior de una de las habitaciones. Al darme la vuelta para salir de nuevo al la estancia principal, la vi ahí en el umbral de la puerta, le pedí que se quedara quieta posando para mí. Fue uno de esos instantes en los que la fotografía se convierte en un potente regalo de intercambio emocional.

 

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Ruth Estellers es licenciada en Antropología Social y Cultural por la Universidad de Barcelona. Realizó diversos cursos de especialización en Sociedades Afroamericanas, Antropología Visual y de la Imagen.  Co-fundadora de ARTISAL Travel Photography. Colabora con sus fotografías y artículos en diversas publicaciones y es autora de cuatro libros de fotografías sobre India, Nicaragua, Bolivia y Guatemala. En la actualidad imparte clases de relato fotográfico, reportaje, fotografía documental, fotografía antropológica y de viajes. Imparte los talleres de fotografía antropológica y lidera las expediciones fotográficas de ARTISAL a Asia.

 

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CÁDIZ – ENTRE EL PARO Y `LA PEPA´

En 1812 se firmó en la ciudad más antigua de Europa la primera Carta Magna española, que se popularizaría como ‘La Pepa’. En el último año la ciudad gaditana, sobre todo, y su provincia han vivido numerosas actividades y una Cumbre Iberoamericana. Pero, ¿cómo es Cádiz hoy? Un cielo luminoso y una rica oferta turística conviven con altos niveles de desempleo que no parecen ensombrecer las sonrisas de los oriundos. Este es un paseo entre ellos en el Bicentenario de esta Constitución.

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FOTO ©  Francesc Morera

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Por Cristina Martínez Sacristán para GEA PHOTOWORDS

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“El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad no es otro que el bienestar de los individuos que la componen”. En la Torre Tavira, privilegiada atalaya en el centro del casco histórico gaditano, leemos este artículo 4 de la Constitución de 1812, que bien nos podría hacer pensar que los políticos españoles de hace dos siglos tenían fines más humanitarios que los actuales. Desde luego, al margen de esta consideración, nuestro periplo por la provincia de Cádiz al término de las celebraciones del bicentenario de ‘La Pepa’ está lleno de luz, de mar, de arena blanca, de naturaleza exuberante… y todo ello marida perfectamente con el carácter abierto y sonriente de los oriundos –de los gaditanos y de los que vinieron y se quedaron- y con una gastronomía llena de color y de sabor, de productos frescos y buena mano en las cocinas.

Los gaditanos se quitan importancia: “De todo hay”, afirman, si bien los responsables turísticos hacen gala de ese factor inherente a la idiosincrasia de la provincia de la Península más cercana al continente africano. “Aquí la gente sabe ser feliz con poco”, apostillan los tarifeños José Luis, del Hotel Misiana, e Israel, un patrón de Salvamento Marítimo. Puerta a Europa durante siglos, morada de fenicios y de romanos, asediada por los moros una y otra vez desde Tarifa, plataforma de la aventura de Cristóbal Colón y de la vuelta al mundo de Elcano y Magallanes, vía de inmigración donde las haya. Todo este movimiento marítimo, navegador y de flujos migratorios viene, sin duda, determinando la mixtura sociológica, la apertura a lo diferente y la convivencia entre variados orígenes en un colectivo acostumbrado a las personas. De hecho, en Tarifa hay poquísimos tarifeños. Muchos madrileños, algunos alemanes, vascos, asturianos, sorianos, leoneses… y las procedencias van desde Rumanía hasta Tetuán.

Pero lo más hermoso es que la mayoría de ellos dicen haberse enamorado de las olas de Tarifa, de su costa o bien de una persona. Y que por eso se quedaron en este tranquilo pueblo de casas de cal blanca…

El recorrido no estará exento de esos pescadores arreglando redes en El Puerto de Santa María, de sonrientes cocineros premiados por sus sabrosos ágapes, de la estela de poetas y músicos, de camareros y guías que informan sobre todo lo habido y por haber, sin mirar el reloj… Hasta los responsables de los museos son campechanos y sencillos en el trato… En Jerez, en la recepción del hotel homónimo nos ofrecen un fino fresquito al llegar: “Como hay crisis, no podemos regalar un caballo. Si no lo haríamos”, afirma con gracejo gaditano el recepcionista. Más información »

MADRES DE DESAPARECIDOS EN MÉXICO

El tradicional Día de la Madre se conmemoraba en México el pasado viernes 10 de mayo. Sin embargo, lo que para la mayoría fue una jornada familiar de celebración y reencuentros, para miles de mexicanos –madres, padres, esposas, hermanos– resultó ser una fecha más sin sus seres queridos, desaparecidos en los últimos años dentro del contexto de la guerra contra el narcotráfico desatada por el ex presidente Felipe Calderón. GEA PHOTOWORDS estuvo presente en la manifestación que recorrió el centro de la Ciudad de México para exigir al nuevo gobierno que inicie, de inmediato, la búsqueda de los ausentes.  

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Manifestante en México DF el pasado viernes.

FOTO  ©  Borja González Andrés

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Por Borja González Andrés para GEA PHOTOWORDS desde México D.F.

 

Vivos se los llevaron y vivos los quieren. Los familiares –principalmente madres– de desaparecidos en México recorrieron este pasado viernes el Paseo de la Reforma de la capital y se concentraron bajo la figura del Ángel de la Independencia, para reclamar al gobierno del priista Enrique Peña Nieto que busque a las más de 26.000 personas que, según datos del propio Ejecutivo, desaparecieron en el país durante el anterior sexenio (2006-2012).

En ese periodo, el ex presidente, Felipe Calderón, basó prácticamente toda su acción política en combatir por todos los medios a los cárteles de la droga. Sacó al Ejército de los cuarteles, militarizó buena parte del territorio y consiguió que en la sociedad mexicana se extendiera la expresión de “la guerra de Calderón”, para referirse al conflicto interno que ha dejado alrededor de 70.000 muertos.

Vestidas de blanco, portando flores y fotografías de sus seres queridos y protegiendo sus bocas con máscaras en las que se preguntaban “¿Dónde están?”, decenas de personas venidas de diferentes puntos de la república hicieron oír sus gritos, su rabia y hasta sus llantos de frustración en una emotiva marcha.  Más información »

EL SOLDADO QUE DENUNCIÓ EL GENOCIDIO

Hugo Ramiro Leonardo Reyes, ex mecánico del ejército, compareció como testigo en el juicio que se llevó a cabo contra el ex presidente de Guatemala, el general José Efraín Ríos Montt, condenado ayer a 80 años de cárcel por genocidio. En su declaración, implicó al actual presidente del país, el general retirado Otto Pérez Molina, en una matanza de indígenas ixiles en la aldea Salquil Grande. Coincidiendo con la reanudación del juicio, ofrecemos hoy este artículo realizado por la organización guatemanteca Plaza Pública, medio con el que GEA PHOTOWORDS ha establecido un acuerdo de colaboración mútua. Hoy, echamos la vista atrás sobre la atroz represión que desangró al país centroamericano.

 

Restos exhumados. Fundación de Antropología Forense.

FOTO  ©  Ángel López Soto, miembro de GEA PHOTOWORDS

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Por Oswaldo J. Hernández 
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El día que Hugo Ramiro Leonardo Reyes llegó a Nebaj, indígena Quiché, se integró a la compañía conocida como el batallón El Triunfo. “Así le decían a la Primera compañía de ingenieros del ejército”, lo recordó de esa forma en su declaración como testigo especial, en videoconferencia, dentro del proceso al general Efraín Ríos Montt  condenado por genocidio y delitos contra deberes de la humanidad.

Era el 1 de septiembre de 1982, narró Reyes, y había llegado al campamento militar de ese batallón para dedicarse a dar mantenimiento a tractores B9 y B4. “Cuando llegué por primera vez al campamento de ingenieros, los que comandaban eran el primer oficial Arnoldo Otoniel López, el capitán, Pedro Miguel Díaz Ramos, y el oficial Luis Felipe Ruano Díaz”. El campamento militar al que se agregaría estaba ubicado en algún punto intermedio de la aldea Tzalbal y la comunidad de La Pista, a unos catorce kilómetros de la cabecera municipal de Nebaj. Dentro de las instalaciones, Hugo Reyes estuvo como encargado mecánico de mantenimiento. Cuando el fiscal del Ministerio Público, Orlando López, le preguntó sobre lo que recordaba de ese campamento militar, el testigo indicó “terror, entraban y salían tropas”. Explicó que cerca del campamento, había un lugar conocido como el Pino y que en algún momento “ya no cabían más víctimas en los agujeros”. Los oficiales del ejército entraban desde horas de la tarde a una cantina conocida como Los tres monitos. “Luego, ya ebrios, se iban a celebrar y mataban gente”. –¿Cómo mataban gente? –preguntó el fiscal. –Primero ordenaban al operador de la máquina, al oficial García, que cavara un hoyo. Luego los camiones llenos de gente los parqueaban frente al Pino, y uno por uno, iban pasando. No les disparaban. Muchas veces los puyaban con bayoneta. Les arrancaban el pecho con las bayonetas, y los llevaban a la fosa. Cuando se llenaba la fosa dejaban caer la pala mecánica sobre los cuerpos.

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TODOS LO SABÍAN

 

El testigo dijo también que era imposible que los altos mandos no supieran nada. Todos los destacamentos y todos los campamentos tenían un radiotransmisor. “Así llegaban las órdenes, junto a los mensajes de todas las operaciones. Había destacamentos en Nebaj, en Acul, en Tzalbal, en Miranda, en Salquil…”. A Hugo Reyes y a otros soldados de su compañía les tocaba patrullar todas las regiones que conectaban esos destacamentos. “Cuidábamos esas brechas, hasta el cerro Sumal”. Eso quedaba al norte, entre hondonadas, ríos y barrancos. “En Salquil Grande, quemaron las casas. Allí mandaba el mayor Tito Arias, más conocido como Otto Pérez Molina. Y déjeme decirle que allí también hubo ejecuciones”, señaló Reyes. En las sala se pudo escuchar muchos murmullos tras las palabras del testigo. Más información »

DETRÁS DE UNA FOTO | HÉCTOR MEDIAVILLA

DETRÁS DE UNA FOTO es una sección semanal de GEA PHOTOWORDS. En ella, reconocidos fotógrafos profesionales, autores emergentes o estudiantes de fotografía nos comentan una de sus imágenes. Nos ofrecen sus palabras, su mirada y su agudeza; en definitiva, su captura del binomio espacio-tiempo. Héctor Mediavilla nos relata su encuentro con Bienvenu Mouzieto, un `sapeur´ de Brazzaville, Congo.

 


Bienvenu Mouzieto.

FOTO  ©  Héctor Mediavilla

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Se llaman a sí mismos Los Sapeurs. Miembros de ‘Le SAPE” (Le Societe des Ambianceurs et des Personnes Elegantes, en francés, “La Sociedad para el Avance de las Personas Elegantes”), uno de los clubs más exclusivos del mundo, nacido a principios del siglo pasado en el barrio de Bacongo, en Brazzaville, la capital de Congo. Estos “dandis congoleños” surgieron del caos reinante durante el mandato de Mobutu para rebelarse contra el decreto dictatorial que obligaba a toda la población a vestir el traje tradicional africano.

El día de la fotografía, Bienvenu se había vestido elegantemente porque asistía a un cocktail en el centro de la ciudad, al que  había sido invitado por las autoridades políticas. Llevaba uno de sus trajes preferidos. Cuando estaba a punto de salir de su casa yo pasaba por  ahí con Lamame, otro gran “sapeur”, en dirección al mercado central para comprar  algo de comida. Como ya nos conocíamos le pedí hacerle una foto a lo que accedió con gusto.

Pese a su aparente histrionismo, los sapeurs respetan ciertos códigos a la hora de vestir. Por ejemplo, está prohibido combinar más de tres colores. Pero también a la hora de comportarse. Dicen que su moralidad es intachable y, por ejemplo, están en contra de las drogas y de todo tipo de violencia. Todos llevan un sobrenombre. Su manera de caminar, de desenvolverse, les convierte en personajes únicos e irrepetibles. Salen a la calle para ser vistos, para lucirse. Les invitan a fiestas, bodas y cumpleaños, porque aportan un toque chic. Incluso les pagan por ello. El pueblo les respeta.

Al menos una vez en la vida deben viajar a París y luego regresan a Brazzaville como si bajaran de las nubes, vestidos con fulares y trajes de 1.000 euros. Su actual éxito ha llegado hasta las más altas instancias de la política. Un lugar donde la elegancia se echa de menos…

 

 

Héctor Mediavilla. Burgos 1970. Licenciado en ciencias empresariales y master en Dirección y Administración por Esade (Barcelona). También obtuvo un postgrado en gestión cultural en Idec-Universitat Pompeu Fabra. Tras ejercer varios años como economista en 2001 decide dedicarse profesionalmente a la fotografía. Se considera un fotógrafo documental, interesado por la condición humana y su relación con el entorno, que trabaja en proyectos de larga duración. Sus series invitan a reflexionar sobre nuestra construcción de la realidad contemporánea, prefiere lanzar nuevas preguntas que formular tesis cerradas. Es cofundador del colectivo Pandora. Sus fotografías se han publicado en medios como Geo, New York Times, Newsweek, Time, Colors, XXI Photo, Esquire, Gatopardo y muchos otros. Sus trabajos han sido reconocidos en certámenes como Picture of the Year, Fotopres, Descubrimientos PhotoEspaña, Hansel Mieth award, London Festival of Photography y CoNCA entre otros. Sus series fotográficas se exponen regularmente en Europa, África y América. En enero de 2013 la editorial francesa Intervalles publicó su primer libro S.A.P.E. que recoge su trabajo sobre los sapeurs congoleses realizado en Brazzaville y Paris entre 2003 y 2010.

 

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EL ALMA EGIPCIA DE NURIA Y MIGUEL ÁNGEL

`Los periodistas en ocasiones ven cosas mucho más allá de lo que los medios para los que trabajan pueden reflejar´. Con esta máxima en la cabeza y con ganas de comenzar un gran proyecto, el fotógrafo Miguel Ángel Sánchez y la periodista Nuria Tesón partieron en 2009 hacia El Cairo. Juntos han creado `El alma del mundo´, un libro con 80 retratos representativos de la capital egipcia para contar la historia de sus ciudadanos.  `El alma del mundo´ está expuesta en Madrid y continuará su andadura por España, Francia, Portugal, Rusia y Egipto hasta 2016.

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FOTO  ©   Miguel Ángel Sánchez

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Por Imán Quinto Monzón para GEA PHOTOWORDS

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“Todo comenzó en Madrid” asegura Miguel Ángel. Tanto él como su compañera, la periodista Nuria Tesón, abandonaron España para retratar a través de diferentes personajes la sociedad egipcia. A pesar de que para los medios, Egipto no era un país interesante periodísticamente, Miguel Ángel y Nuria consideraban que con Mubarak enfermo se avecinaba una época de cambio, una época  en la que los ciudadanos iban a tener ganas de hablar. Lo que no sabían en noviembre de 2009 era lo mucho que tenían que decir.

Durante el primer año, Miguel Ángel y Nuria se dedicaron a conocer el entorno, a sus habitantes. “Decidí montar mi estudio allí, yo siempre he pensado que la mejor forma de adentrarse en un personaje es tener un diálogo, conocerlo, qué piensa, qué sueña, el contexto me da lo mismo. El Cairo es el contexto. Quería centrarme en lo que es la persona en sí. Vine a retratar a gente, no a retratar sitios bonitos, ni feos. A mí me interesa la gente de otra manera, la gente estando en su casa, en su entorno, ese es el espejo que queremos retratar, el fondo me sobra”.

A este fotógrafo madrileño no le interesaba sacar una foto de un niño en la calle o un anciano… Quería trascender el nivel más bajo para contar la verdadera historia de los habitantes de El Cairo. Miguel Ángel conocía a sus personajes y cuando ya tenía la idea clara la sesión apenas duraba unos minutos. “Llega un momento en que sabes cuando hacer el retrato. En ocasiones es al tercer año de haber conocido a una persona y en otras quizás al tercer día”.

Lo que ellos no sabían era que la época de cambio que anhelaban retratar se convirtió en una verdadera revolución: “Tu vas a un sitio y no tienes idea de que vaya a suceder nada.” Todo empezó con la muerte de Jaled Mohamed Said, de 28 años. En junio de 2010, la policía asesinó a golpes a este joven egipcio cuando se encontraba en un cibercafé cerca de su casa. El motivo: haber denunciado un caso de corrupción. Mientras que varios testigos aseguraban que Said fue apaleado hasta desfigurarle la cara y tirarle a una acequia, la policía informó que se había asfixiado en un intento de ingerir un paquete de hachís, apoyados por dos informes de autopsias realizados por las autoridades forenses. Más información »

LA ÚLTIMA CORRERÍA DE LOS HUAROANIS

El pasado 5 de marzo, en la Amazonía ecuatoriana, un jefe de la etnia huaorani y su mujer murieron lanceados por los indios taromeranis, uno de los dos pueblos no contactados que todavía habitan en la selva. En represalia, tres semanas después los huaorani atacaron  una aldea de sus tradicionales enemigos matando a una treintena de ellos. Sin embargo, el conflicto viene de lejos. Este mes de mayo se cumplen 10 años de otra masacre similar, con los mismos protagonistas, relatada por el autor de este artículo en el libro `Viaje al traspasado corazón del mundo´, editado con el apoyo de GEA PHOTOWORDS. Reproducimos parte de uno de los capítulos.

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Jefe Davo, guerrero huaroani que participó en la masacre de 2003. 

FOTO  ©  José F. Ferrer

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Por Francisco de la Cal para GEA PHOTOWORDS

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Mayo del 2003. La “maloca” de los indios taromenanis no tiene el habitual aspecto de trinchera en la selva. Todo aparece cuidado. Hay cultivos, incluso caminos bien limpios. Dentro de la gran cabaña no menos de treinta personas entre mujeres y niños realizan faenas cotidianas. El único hombre adulto es Ahueñete, un accidentado de caza que convalece en una hamaca con un niño en su regazo. Los guerreros no están. Andan en la mata atrás de comida.

El grupo de guerreros huaroanis, antaño llamados “aucas” o “salvajes” por los propios Incas, una tribu de la misma familia indígena y atávicos enemigos de los taromenanis, llegaron en el momento justo. Llevaban días preparando el asalto. Cuando irrumpieron en la “maloca”, las mujeres suplicaron que no las matasen. Se ofrecieron como esclavas. Hubo media hora de palabras y luego la muerte para todos los de la casa. Como trofeo se llevaron la desfigurada cabeza de Ahueñete, para mostrar que al menos habían acabado con un guerrero. Antes de irse prendieron con gasolina fuego a la choza y acabaron con los niños que se habían escondido entre las pajas de la techumbre.

Al arder la paja del techo, algún niño escondido allí, que había pasado inadvertido a los atacantes cayó retorciéndose de dolor. `¡Lo pinchamos con las lanzas lo mismo que a los monos que quemamos y se mueven en el fuego!´, llegó a burlarse después uno de los agresores. `¿Cómo puedes reír de una cosa así, si el niño tenía la edad de tu propio hijo?´, le dijo horrorizada, como viendo a un demente, la mujer blanca que le escuchaba. Más información »

DETRÁS DE UNA FOTO | EUGENI GAY

DETRÁS DE UNA FOTO es una sección semanal de GEA PHOTOWORDS. En ella, reconocidos fotógrafos profesionales, autores emergentes o estudiantes de fotografía nos comentan una de sus imágenes. Nos ofrecen sus palabras, su mirada y su agudeza; en definitiva, su captura del binomio espacio-tiempo. Eugeni Gay nos acerca al líder sihk del partido de las juventudes de Akali Dal en el Punjab, India.

 

Líder del partido de las juventudes de Akali Dal.

FOTO  ©  Eugeni Gay

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Esta fotografía pertenece al trabajo `Sikhs´ que realicé junto a la periodista Marta Palacín.

En la imagen aparece en el salón de su casa de Amritsar el que entonces era el líder de las juventudes de Akali Dal, el partido que gobernaba el Punjab, región India donde viven los Sikhs.

Los Sikhs son un pueblo orgulloso. Al ir al Punjab y decir que éramos periodistas que queríamos contar su historia todo fueron facilidades, conseguimos entrevistar al vicepresidente del gobierno regional, pedimos cita para el mismo día, no tenia tiempo y nos invitó a cenar a su casa. A partir de esa entrevista los demás políticos nos buscaban para salir en el reportaje, este es el caso de la persona retratada.

Nos reunimos en su casa justo después de captar imágenes de la cremación de un hombre de 104 años, él vivía cerca del lugar de la ceremonia. Allí nos esperaba toda la cúpula de las juventudes para que les entrevistáramos y les retratáramos. El hombre del retrato es su padre, que también había sido político.

La religión Sikh fue fundada por Gurú Nanak en el siglo XVI. Ofrecen de comer y dormir en sus templos, el templo dorado de Amritsar suministra miles de raciones de comida al día. Construyen hospitales, escuelas, dedican el 10% del dinero y del tiempo a la comunidad, esto hace que la religión Sikh recaude más dinero que el propio gobierno en el Punjab y este es revertido otra vez a la sociedad, sea de la religión que sea.

 

Eugeni Gay. Barcelona en 1978. Licenciado en Biología y con estudios de Antropología Social y Cultural. En 2003 inicia su trayectoria como fotógrafo centrándose en la fotografía antropológica y de viajes. En estos años ha recorrido más de 30 países realizando varios proyectos. Ha publicado en medios como El País Semanal, F-Stop Magazine o Lonely Planet. Fue ganador de la beca El Invernadero con el proyecto Dioses de
Alquitrán que aun sigue realizando. Docente desde hace más de 10 años ha fundado El Observatorio donde imparten clases y talleres centrados en fotografía Documental.

 

 

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MELILLA – MÁS DE LO MISMO

Melilla vuelve a ser escenario de un conflicto fronterizo que se repite cíclicamente en medio de un `apagón informativo´ generalizado. El pasado jueves, casi 200 inmigrantes lograron saltar la valla que separa a la ciudad de Marruecos. La cuarta parte logró entrar y en su huida de la Guardia Civil encontraron refugio en la casa de un conocido político local. A pesar de que estaban en una vivienda privada, las Fuerzas de Seguridad entraron con gases lacrimógenos y lograron capturar a una veintena de ellos, que fueron devueltos directamente a Marruecos sin intervención judicial, algo que imponen las leyes españolas. Esta violación de los Derechos Humanos ha sido denunciada al Defensor del Pueblo mostrando como prueba un vídeo que adjuntamos.

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Algunos de los emigrantes refugiados en casa de Mustafa Aberchán.

FOTO  ©  José Palazón Osma

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Por Belén Amador Rodríguez para GEA PHOTOWORDS

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Eufóricos, mirando al cielo y dando las gracias a Dios, como si hubiesen pisado el paraíso, con la palabra ‘komba’ (“vitoria”) en los labios… Así entraron 50 de los casi 200 inmigrantes que intentaron acceder a Melilla el pasado jueves. Lo que no sabían es que ese Edén que tanto asiaban se iba a convertir para ellos en un infierno sin retorno del que todavía no han salido.

Stephan, un camerunés de veintiocho años, se encontraba entre ellos. Tras más de año y medio en el monte Gurugú  ha conseguido, al tercer intento, acceder a la Ciudad Autónoma. La primera vez, se quedó entre la segunda y la tercera valla; y la segunda, nos dice, llegó a pisar territorio español pero la Guardia Civil lo devolvió a Marruecos. “Fue horrible, la gendarmería marroquí no paró de golpearme”, nos explica mientras mostrando su muñeca, mal curada, después de haberla tenido rota. Aún así, nos aclara que tuvo suerte, ya que un compañero acabó falleciendo en manos de la gendarmería marroquí. Por éso, cuando el pasado jueves logró saltar la valla no dejó de correr.

“Tenía mucho miedo”, insiste, y destaca que ninguno de ellos llevaba palos, y mucho menos cuchillos. Lo único que hicieron, nos aclara, fue huir de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado por miedo a que los expulsaran al país vecino. Stephan asegura que, en su huída, llegaron a la rampa de un garaje, que era precisamente el del presidente y portavoz del principal partido de la oposición, Coalición por Melilla (CpM) Mustafa Aberchán. El político, médico de profesión, vive en un barrio conocido popularmente como ‘Las Cuatrocientas Viviendas’, muy próximo al CETI, el centro donde ingresan a los inmigrantes sin papeles que llegan a la ciudad. “Allí los agentes utilizaron gases tóxicos y métodos violentos para reducirnos”, añade el subsahariano. Más información »